Por qué contar con un arquitecto para reformar nuestra casa

Mientras la adquisición y construcción de vivienda nueva se encuentra estancada y es casi inexistente, bajo los efectos aún de los excesos de la década anterior, los usuarios se están decantando decididamente por la renovación de inmuebles de segunda mano o con cierta antigüedad. La reforma y rehabilitación de edificios residenciales supone una alternativa real a los planteamientos expansivos anteriores de nuevas urbanizaciones y planes parciales, optimizando y revalorizando las estructuras urbanas existentes, con actuaciones contenidas y de pequeña escala que parten de las necesidades de los propios habitantes.

Son muchas las ventajas que contiene esta práctica para los propietarios de los inmuebles antiguos: residir en áreas y barrios consolidados dotados con servicios y cercanos a los equipamientos principales, adaptar los espacios de la vivienda a la medida y situación concreta de sus habitantes, en muchas ocasiones personas mayores o dependientes, equipar con las prestaciones que ofrecen los últimos materiales y tecnología en nuestro hogar. Todo esto con un esfuerzo e inversión menor.
Además, la reforma y rehabilitación de inmuebles esta siendo promovida y favorecida por la Administración, con una serie de medidas relacionadas fundamentalmente con mejoras en el comportamiento energético y la accesibilidad de los edificios existentes.

Por lo general, este tipo de intervenciones en viviendas son consideradas a efectos administrativos como “obra menor”, por lo que las condiciones y permisos necesarios son más asequibles que los referidos a “obra nueva”. De hecho, en los últimos meses ha variado esta reglamentación, no siendo ya “necesaria” la participación de un técnico -arquitecto o aparejador- en la redacción de la documentación a presentar para conseguir la licencia de obras, siendo suficiente con una declaración responsable por parte del propietario o promotor.

El proceder habitual y generalizado en nuestro país es que el propietario se encargue por sí mismo de identificar las posibles carencias y modificaciones necesarias o deseadas en su vivienda, y se ponga en contacto con una empresa o contratista que lleve a cabo las obras, proponiendo las soluciones concretas entre ambos. Esto se refuerza aún más a partir de la no obligatoriedad administrativa de que un técnico participe en el proceso.

Es cierto que en muchos casos la intervención sobre lo existente es mínima, limitándose a una renovación de los mismos elementos originales por unos nuevos -sanitarios, cocina, carpinterías, revestimientos de paredes, pavimentos, techos, etc.-. Pero también lo es la extendida falta de conciencia sobre la relevancia de las configuraciones de los espacios que habitamos, de sus materiales, de sus posibilidades y de cómo nos pueden influir. Y por ende, se subestima la labor de los profesionales que se dedican a estudiar la concepción de los lugares donde vivimos. Si se añade además la opinión general de los altos costes que conllevan sus servicios, fundada en abusos de épocas anteriores, y que en cuestiones estéticas todo es admisible, tiene lugar la situación descrita anteriormente.
Pero resulta dificil pensar que si alguien tiene un problema de salud no recurra a un doctor especialista para operarse, o prefiera que lo haga un celador, aunque se escape a sus competencias.

En los países centroeuropeos, con más tradición en la readaptación de viviendas y mayor desarrollo en este campo particular, es habitual la figura de un técnico especialista, generalmente un arquitecto, como coordinador del proceso de reforma, además de autor del proyecto, otorgando la misma categoría a este tipo de intervenciones que a las de nueva planta.

Las ventajas de contar con esta figura radican en su condición de agente especialista e independiente al servicio del usuario, donde hará las veces de asesor técnico y gestor respecto a las diferentes decisiones a tomar durante el proceso de obra, a fin de conseguir los objetivos fijados por el propietario, velando por sus intereses.

Fuente: Villa Paquita. tectónicablog.com

Fuente: Villa Paquita. tectónicablog.com

Analizamos a continuación las razones por las que recurrir a un arquitecto se considera beneficioso para el propietario a la hora de realizar la reforma de su casa:

Propuesta organizativa, espacial y estética
Generalmente, los cambios de pequeña magnitud en los elementos de una vivienda pueden tener un efecto mayor sobre el espacio de lo que se puede preveer, y por ello es fundamental dominarlos. La supresión o modificación de un tabique, la inclusión de un armario en una determinada posición, una organización concreta del mobiliario, pueden suponer la resolución de varios problemas de manera sencilla y barata. Para ello es necesario contar con alguien capaz de comprender el espacio y a sus habitantes, con sus características propias, y con recursos suficientes para solventar los problemas que se plantean. Dotar de una espacialidad adecuada a sus actividades y una estética acorde a la situación no es tarea sencilla, por lo que en este sentido es siempre recomendable la actuación de un arquitecto.

Coordinación de los diferentes agentes y distribuidores de material
La ejecución de una obra, por lo general, por pequeña que sea, conlleva la participación de varios agentes y oficios diferentes. En los casos en los que el propietario asume su organización, le supone una enorme dedicación de tiempo y esfuerzo, además de tener que enfrentarse a un importante número de problemas y sinsabores, al no estar habituado ni preparado a ello. Contar con un técnico que coordine y gestione la intervención de cada operario y los pedidos y recepción partidas de material necesario resulta fundamental.

Planificación y gestión de tiempos en obra
Una vez decidida la intervención a realizar, y los materiales con la que llevarla a cabo, es importante plantear un calendario de tareas en obra acorde, que permita finalizarla en unos plazos previstos, y evitar así los habituales retrasos debidos a duplicidades, incompatibilidades entre operarios, esperas de partidas de material, etc. En este sentido, el arquitecto actuará como garante del cumplimiento de esos plazos, realizando el seguimiento de las tareas realizadas. Esto supone un ahorro de tiempo y de dinero, así como una tranquilidad de que las cosas se realizarán en los plazos previstos.

Ahorro económico
La contratación de los servicios de un arquitecto se debe realizar sobre una cantidad fija, en base a unos honorarios relacionados con la magnitud de la obra. Su retribución, por tanto, no debe depender de ningún otro factor que no sea su trabajo, y sus decisiones atenderán exclusivamente al beneficio y satisfacción del cliente. Estas cantidades actualmente son bajas en relación al coste de la obra, suponiendo en la mayoría de los casos menos de un 10% del presupuesto de ejecución material. Este sistema permite al propietario elegir con el arquitecto entre las ofertas que puedan ofrecerle los diferentes suministradores e instaladores de cada partida, ajustando los precios y seleccionando las que más le interesen.
Las empresas y contratistas que generalmente se encargan de las reformas de viviendas cuentan con una serie de operarios y de distribuidores de materiales, lo que les permite encargarse del proceso de principio a fin. Sus retribuciones dependen de los márgenes que aplican en cada partida de material que ofrecen de sus suministradores, por lo que obtendrán mayores beneficios cuanto mayor coste y cantidad tengan estas partidas. Por lo general, estos márgenes suelen estar entre el 15-30% del total del PEM, no siendo esta fórmula garantía de eficiencia.

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